
-¿Lista?
-Si. No llevo nada.
-Entonces sigamos.
Enviado por: Triagrama Instituto de Chile

-¿Lista?
-Si. No llevo nada.
-Entonces sigamos.
Enviado por: Triagrama Instituto de Chile
Danzar no es levantarse sin esfuerzo como una mota de polvo en el viento.
Danzar es alzarse sobre ambos mundos, haciéndose pedazos el corazón, y entregando el alma.
Danza donde puedas partirte en pedazos y abandonar totalmente tus pasiones mundanas.
Los hombres de verdad danzan y giran en el campo de batalla, danzan en su propia sangre.
Cuando se entregan, baten palmas;
cuando dejan atrás las imperfecciones del sí mismo, danzan.
Sus trovadores tocan desde adentro, y océanos enteros de pasión
hacen espuma en la cresta de las olas.
Rumi
La diferencia entre el consciente y no consciente
es que el consciente hace lo que quiere,
y el no consciente hace lo que puede.
El consciente tiene en cuenta todo lo que alcanza a ver,
sabiendo que hay cosas que no ve.
El inconsciente no ve y por lo tanto “no puede tener en cuenta”.
Creo en el amor como en la experiencia más maravillosa de la existencia, como generador de toda clase de alegrías. Y en el amor correspondido, como la felicidad misma.
Pero no fui educado para él, ni para la felicidad, ni para el placer. Porque fui advertido malamente contra la entrega y el gozoso abandono que supone.
Cada día, entonces, todavía es una ardua conquista, una transgresión, una desobediencia debida a mí mismo, una porfía.
La laboriosa tarea de desaprender lo aprendido, el desacato a aquel mandato primario y fatal, aquel dictamen según el cual se gana o se pierde, se ama o se es amado, se mata o se es muerto.
La vida, por tanto, no me ha endurecido, ese sea tal vez mi mayor logro.
Que me palpen de armas. Dejo a un lado, si es que alguna vez tuve o me queda, toda arma que sirva para volverse temible, para someter, para acumular, para ser poderoso, para triunfar en un mundo de mano armada, en el que la felicidad se compra con tarjeta de crédito.
No quiero que la lucidez me cueste la alegría, ni que la alegría suponga la necedad o la ceguera…
Pero no me es fácil, me cuesta vivir a contratiempo, con la sensación de ser testigo de un desatino histórico gigantesco, de un extravío descomunal, tan irracional, absurdo o desolador como la bomba de neutrones.
No entiendo al mundo. Me parece, como dice Serrat,que ha caído en manos de unos locos con carnet. Me siento ajeno a la debacle, pero en el medio de ella.
Mi vida es apenas un instante en el océano del tiempo y es como si quisiera que ese instante fuera sereno y hondo, en el medio de una ensordecedora discoteca o de un holocausto definitivo, siempre a punto de estallar.
Me desazona la banalización de la vida. El pavoneo de la insensatez. El triunfo de la prepotencia y de la ostentación. La deshumanización salvaje de los poderosos, la aceptación y el elogio del “sálvese quien pueda”. La práctica y la prédica del desamor y de la histeria.
Me descorazona la idiotez colectiva. La idealización de lo superfluo. El asesinato de la inocencia. El descuido suicida de lo poco que merecía nuestro mayor esmero. El desconocimiento o el olvido de nuestra propia condición.
Me conmovió, no hace tanto, que el cosmólogo Sagan, en un artículo extenso, escrito como desde un punto perdido en el infinito del espacio desde el cual el mundo se observa como una bolita cachuza, terminara diciéndonos:
“Besen a sus hijos, escuchemos a esos hombres, sigámoslos. Leamos a los poetas, no permitamos que el misterio de la existencia deje de estremecernos cada día, porque es el costo más alto que podemos pagar por nuestra necedad y nuestra omnipotencia.
La vida de un árbol merece nuestra devoción y nuestro más grande regocijo; al amparo gozoso de su sombra, acariciados por la tibieza de la luz del soly arrullados por el sonido mágico e irrepetible de su follaje, mecido por la mano invisible del viento, estaremos a salvo de la alienación y de la orfandad; siempre y cuando seamos capaces de apreciar esa gloria mientras nos sea posible de reconocer en ella nuestra mayor riqueza.
Que la muerte no nos hiera en vida, que la ferocidad no nos pueda el alma. Que nada troque nuestra dicha de estar despiertos.
Que una caricia nos atraviese como una flecha jubilosa y radiante.
“Besemos a los que amamos. Amémonos”.
Oscar Martinez
MIEDO… AMOR… LIBERTAD… LAS CAUSAS DE LA DESDICHA NO EXISTEN FUERA DE LA CONSCIENCIA HUMANA.
El NO nos separa. Los tontos usan la herramienta del NO para tener la sensación de no ser como los demás, sino de ser únicos y especiales. Si bien esta actitud tiene un sentido y un encanto durante la niñez, en la edad adulta no es más que el sintoma de una personalidad infantil que puede impedirnos la experiencia real de la vida.
El SI es positivo y el NO es negativo. Recuerdalo: el NO satisface al ego, el SI es el método para descubrir al ser.
El NO fortalece el ego; el SI… lo destruye.